Pero el acuerdo no escrito entre nosotros era que tú te ibas a encargar.

Tú tuviste a los que llevarían el apellido, o como quiera que la gente se refiera a esa acción de asignarle a los hijos la misión de seguirse apellidando como nosotros. Es una tontería, pero en eso quedamos.

Tú eras el encargado de visitar a los Padres todos los días. De desayunar con ellos, comer con ellos y a veces de cenar con ellos. No te hagas que yo se que siempre te llevabas una concha envuelta en una servilleta escondida en uno de tus sacos tan elegantes.

Crecimos juntos, mi cama junto a la puerta y la tuya junto a la ventana. Siempre envidié el hecho de que nuestra tele en blanco y negro estaba más cerca de tu cama. Pero también eras el encargado de apagarla. Yo estaba lejos.

Nunca olvidaré el día que estabas tirando canicas con una resortera desde la ventana. Y me dijiste que para que la gente no se diera cuenta quien era, yo me pusiera entre las cortinas. Como yo no las aventaba, nadie podría acusarme. El plan era perfecto hasta que subió una vecina y me acuso a mí de
tirar canicas contra su ventana. Eras el perfecto abogado desde chamaco.

Pero me tenias miedo, verdad? Tuviste miedo el día que rompí la puerta de nuestra recamara porque no me dejabas entrar por mi dinero. No iba a hacerte daño. Solo necesitaba lo necesario para ir al cine, pero me hiciste enojar.

Ah, y como fregabas. Esto está mal, eso está mal. Pero lo que tu hacías no estaba mal, eh? Hijo de… déjame ver la tele y salte a jugar pelota.

Tu hijo el mayor. Hablo con él y parece que le hablo a un espejo. No le gusta que le hablen como a un bebe. Y yo respeto eso. Ahora es el que mejor se ha adaptado, pero hay una sombra en el ojo, no sé.

El menor y su fascinación por los dragones. Mira, te trajimos un dragón, le dijimos. OooooooooooooOOOOooooh, fue su respuesta, sincera y clara como solo un niño lo sabe hacer.

Madre habló ese día. “Lo secuestraron”. Llegamos corriendo “Nunca voy a volver a ver a mi niño”, dijo. Mulder y Scully ya estaban ahí. Con traje él, con traje sastre ella. Nos dijeron: “Esto va a pasar, esto va a pasar y aquello va a pasar”. Pensé que no era cierto, eso solo pasa en la tele. Pues paso, tal como dijeron desde el día uno.

Al mismo tiempo, tres estúpidas muelas tenían que ser removidas de mi boca. Solo faltaba una. El dentista pregunto “Duele?”. Nada. No se siente nada.

Tuvimos que regresar. “Pero, debe de haber algo que pueda hacer”. Padre dijo: “No, regresa, que tú tienes que continuar con tu vida. Ya no tienes nada que hacer aquí.”

Depresión: Donde están el capitán Kirk, el Doctor, Optimus Prime, Master Chief, Tony Stark? Solo salvan a los habitantes de sus universos. Y a nosotros? Quien?

Y empezó la paranoia. Ataques de ansiedad, tristeza, confusión, antidepresivos. Y miedo.
Mulder y Scully vivieron en el departamento donde pase la niñez varias semanas. Pero un día tuvieron que retirarse. Desearon suerte a todos y recogieron todo su equipo. No recuerdo sus nombres, eran Mulder y Scully.

Después, el calvario de Padre y Madre. No se le debería de permitir a una madre buscar a su hijo en una morgue. Esta mal. Es inhumano. Es antinatural.
Ellas dan vida, por que buscar entre los muertos?

Y la autoridad. Ay, la autoridad. La autoridad que compara la huella digital de un documento contra la huella digital de un cuerpo. Hay un 60% compatibilidad entre ambas huellas. Esperanza. Pues la autoridad comparo la huella digital del documento contra la huella digital, no de un cuerpo, sino de otro documento. Las dos huellas digitales de la misma persona y solo obtuvieron el 60% de compatibilidad entre ellas. La esperanza se fue al carajo.

Vienen elecciones, pasan las elecciones. Llegan discursos y monumentos. Y uno viendo desde lejos. No les creo.

Y el apoyo. Ese apoyo incondicional que se tiene en casa. Que nunca falla. “Que necesitas?” Que estés conmigo. Siempre. Que rías. Que me hables. Prefiero oír tu voz a las voces de adentro de mi cabeza.

Trece meses y medio, y aún, nada.